TURISMO VILLAVICIOSA

Hotel Carlos I

Hotel en Villaviciosa • 2 estrellas • Asturias • España • Europa

Hotel Carlos I

El HOTEL CARLOS I está situado en el casco antiguo de la Villa, Villaviciosa (capital del concejo o municipio asturiano del mismo nombre que dista 42 km de Oviedo, capital, a su vez, de la comunidad autónoma del Principado de Asturias), en una zona privilegiada, céntrica y peatonal, enclavado en una casona-palacio del siglo XVII. Sus amplias habitaciones guardan un estilo propio de casona, confortables y agradables, todo en un ambiente familiar, donde se conjugan la madera y la piedra con el calor de la chimenea.

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Características generales Hotel Carlos I

Acceso en transporte públicoBaño en habitaciónEn el casco urbanoChimeneaTelevisiónSalón socialConjunto HistóricoCalefacciónCerca de la playaBibliotecaBicicletaCompromiso de Calidad TurísticaCaja de seguridadCafetería-RestauranteTelevisión en habitaciónTransporte cercanoWi-Fi gratis

Información de interés
Datos prácticos

El HOTEL CARLOS I está situado en el casco antiguo de la Villa, Villaviciosa (capital del concejo o municipio asturiano del mismo nombre que dista 42 km de Oviedo, capital, a su vez, de la comunidad autónoma del Principado de Asturias), en una zona privilegiada, céntrica y peatonal, enclavado en una casona-palacio del siglo XVII. Sus amplias habitaciones guardan un estilo propio de casona, confortables y agradables, todo en un ambiente familiar, donde se conjugan la madera y la piedra con el calor de la chimenea.

Servicios generales

  • 16 habitaciones dobles.
  • Baño completo.
  • Calefacción.
  • Telecable.
  • Caja fuerte.
  • Secador de pelo.
  • Disponibilidad de secador de pelo y plancha: solicítelo en recepción.
  • Teléfono.
  • Cafetería-Restaurante.
  • Salón social.
  • Biblioteca.
  • Autobuses cercanos.

El Hotel Carlos I se encuentra en la Comarca de la Sidra en Asturias

La manzana y la sidra son protagonistas en estas poblaciones, que cuentan con la mejor producción en Asturias y con numerosos llagares para degustarla. Villaviciosa y Nava son las capitales sidreras por definición. Junto a la bebida más típica, la oferta turística secompleta con un impresionante patrimonio, tanto artístico, capitaneado por el Monasterio de Valdediós, como natural, con bellas playas y espacios protegidos.

Sobre el viaje de Carlos I

El 19 de setiembre de 1517 Carlos I de España desembarcaba en Villaviciosa y escribía la siguiente carta, conservada en la biblioteca de la Real Academia de la Historia: egregio Conde pariente oy dia de la fecha hauemos llegado con nuestra armada, y desembarcado en este puerto de Villaviciosa en Asturias. Laurent Vital, en su crónica Relación del primer viaje de Carlos V a España, refiere que el desembarco se realizó cerca de seis leguas lejos del puerto, lo cual es probablemente exagerado, ya que la embocadura de la ría dista, aproximadamente, unos diez kilómetros de la villa. Los marineros trasladaron desde la nave en que venía el rey hasta la superficie del mar una gran barca, en la que se acomodaron él y su hermana, acompañados por una numerosa comitiva, y aunque a un cuarto de legua de allí —prosigue el cronista había un pueblo y puerto llamado Tazones, esto no obstante no fueron allí a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal, y a causa de que cerca de allí había una buena villita donde estarían mucho mejor alojados que en Tazones...

Un texto del intendente real Boissot sugiere la posibilidad de que el rey y su comitiva hiciesen un alto en Tazones para cenar, yendo luego a dormir a Villaviciosa. Aunque el verdadero desembarco fue en Villaviciosa, no se pueden desconocer las palabras que el intendente Boissot escribió en su diario, diciendo que el monarca «descendió hacia el anochecer al puerto de Tazones» (portapelle stasoms) y fue a cenar y durmió en Villaviciosa. Así pues la arribada a Tazones, aunque hubiesen saltado a tierra algunos de los tripulantes de la barca, incluso el propio rey, fue algo accidental y episódico.

Pedro Mártir de Anglería recoge también la noticia de la arribada a Tazones, y la repite un siglo después Bartolomé Leandro de Argensola (Primera parte de los Anales de Aragón, Zaragoza, 1630, pág. 425), agregando que dicen llegaron y no que aportaron, «porque la costa en aquella parte es impetuosa, y encubre el agua peñascos agudos y tan dificiles a todo navío que ni son puerto ni playa».

De Villaviciosa a Ribadesella.

Los días que la comitiva regia permaneció en Villaviciosa fueron dedicados a requisar las carretas y los mulos destinados a llevar los bagajes del rey y de sus gentes, ya que el incendio de la nave en que iba la caballeriza, había dejado sin animales de montura y de carga al rey y a su séquito.

El cronista afirma que el día 23 el rey se fue de Villaviciosa, sin hacer más jornada que la de tres leguas, para alojarse luego en Colunga, y añade que en el camino hallaron los campos todos, llenos de gente bien armada. De los alojamientos en Colunga, L. Vital dice que el que se le dio al rey fue el mejor que allí había y que el de su hermana Leonor se hallaba enfrente. El mejor de estos alojamientos era bien pobre y desgraciado, tal como el azar lo daba y no tal como a su majestad pertenecia. Allí, debido a la mala condición del hospedaje y a la falta de cuidados, varias de las personas que acompañaron al monarca contrajeron las enfermedades que para algunos acabaron por muerte, a causa de no haberse visto servidos, socorridos, ni asistidos por su dinero.

El jueves, 25 de setiembre, el rey salió de Colunga para ir a alojarse a un agradable puertecito de mar llamado Ribadesella.

En el camino, los señores principales de las localidades cercanas salieron a reverenciar al rey, presentándole cuerpos y bienes a su servicio, según la costumbre del país, y acompañándole algunos durante el resto del viaje.

Debido a las dificultades del camino, hubieron de dar un rodeo, seguramente por el trayecto que, subiendo las colinas y lomas que se hallan sobre la margen izquierda de la ría, lleva a vadearla no lejos del lugar de Llovio, continuando luego por la margen derecha hasta la villa. Probablemente iba a salir a Rabales, junto al lugar de Llovio.

El día 26 llegó a la villa una compañía de jóvenes, de 300 a 400, que realizó ante el monarca extraños simulacros militares. Finalmente, consigna el cronista que se celebró una corrida de toros. Los toros eran fieros, bravos y peligrosos en sumo grado. Es probable que las evoluciones antes citadas se realizasen no lejos del solar de la antigua iglesia parroquial, y que el monarca los contemplase desde una casa inmediata, llamada luego el comercio de Casimiro, que fue demolida hace unos muchos años.

De Ribadesella a Colombres.

Vital refiere que un sábado, ¿26? de septiemhre, el rey partió de ese puerto llamado Ribadesella, e hizo un recorrido de cinco grandes leguas para ir a alojarse a un pequeño pueblecito de Llanes. Estas dos villas distan por la actual carretera 29 km, y el recorrido que el monarca y su séquito hicieron en esta ocasión debió de ser muy aproximado al que sigue la actual carretera que va de Oviedo a Torrelavega, aunque en la crónica ya citada no haya referencias topográficas que ayuden a detallarlo. Los únicos lugares que se mencionan en ella son: San Jorge de Nueva, Llanes y Colombres.

Las dificultades del viaje son relatadas con precisión por el cronista: pasó varias altas montañas y valles y, muy a menudo, ríos a vado, peligrosos por la rapidez del curso de las aguas, que no se podían pasar más que cuando la mar estaba baja, pues entonces casi llegaba hasta la silla de los caballos... era necesario por medio de la jabalina u otra arma, sostenerse contra la rapidez de dichas corrientes o quedar en peligro de ahogarse, a causa de que, a trechos, era tan profundo que no hacía falta más que fallar el pie para, hombre y caballo, ir a perder y ahogarse agua abajo, que corría sumamente rápida...

A falta de datos precisos, y basándonos en el estudio de los mapas de Tomás López, publicado en 1777, y el de Francisco Coello, en 1870, creemos que desde Ribadesella, don Carlos y su séquito hubieron de subir hasta la falda del montículo de San Antonio, para continuar hacia Toriello, lugar señalado en el mapa de López con la indicación de una venta. Existe la posibilidad, si bien hipotética, de que ésta existiera a fines del siglo XV, pues se conoce una provisión de los Reyes Católicos autorizando a un vecino del concejo de Llanes a edificar una venta entre esta villa y la de Ribadesella.

El mapa de Coello señala el paso de lo que denomina camino real o calzada un poco al sur de este lugar, sin que podamos asegurar si el que siguieron el rey y sus acompañantes fue el que salía de Nueva, pasando por el mismo lugar de Toriello y luego por el de Pría, o bien el que se señala como principal, un poco más al sur.

Los caminantes tendrían que vadear los riachuelos de Aguamía y de la depresión de Nueva, antes de llegar a Nueva, lugar en que, según las cuentas del intendente Boissot, el rey comió el día 26 de setiembre en la torre de San Jorge, hoy absorbida por el palacio del Conde de la Vega del Sella, cuyo poseedor debía de ser Fernán Duque de Estrada.

La calzada continuaba a San Antolín de Bedón, nombre que llevaba un monasterio de benedictinos situado en las inmediaciones del río Bedón, y cuyo abad era por aquellas fechas el canónigo de Oviedo, don Pedro de Posada, a quien el rey don Carlos otorgó Real Facultad para crear un vínculo.

Desde las inmediaciones del monasterio, el camino subía hacia el lugar de Posada, continuando a Celorio para pasar al sur del monasterio en dirección a Poo, cuyo riachuelo habrían vadeado unos dos km antes de llegar a la villa de Llanes.

El cronista señala la existencia de bandas armadas que salen a recibir al rey, y habla de que en un día, en diversas veces, encontramos por alli más de 4.000 ó 5.000 hombres, cifra que nos parece exagerada.

La entrada del rey en Llanes debió de realizarse por la puerta llamada todavía a mediados del siglo pasado de la Villa, que era la principal y daba acceso al camino real por el O. Lorenzo Vital describe así la entrada: al entrar en Llanes el rey fue recibido gozosa y honrosamente según los posibles del pueblo; y podían bien decir, como los de Villaviciosa, que no tenían más que amor y buena voluntad; y para hacer mayor honor al rey, el clero fue al encuentro en bella procesión y las huenas gentes habían engalanado sus casas con follajes verdes y ramos, y alfomhrado hasta el alojamiento el pavimento por donde pasaba, con hierba.

La casa en que se alojó (existe hoy reformada) se hallaba en la calle Mayor, cerca del ángulo con la de Posada Herrera, que le es perpendicular. En una de las habitaciones de dicha casa se conserva un letrero tallado sobre madera, en letra gótica, poco después de la estancia del rey, que dice: A XXVI de Setiembre de MDVll años posó el Rey Don Carlos en esta casa de Juan Pariente. Sobre la inscripción se halla tallado el escudo de armas de don Carlos.

La casa de Juan Pariente, personaje perteneciente a una de las familias más antiguas y principales de Llanes, debía de ofrecer una disposición distinta a la que hoy tiene, aun cuando parte de la edificación, sobre todo en la planta baja, pudiera ser la misma. Los llaniscos, que habían conocido los desmanes nobiliarios en las épocas de Juan II y de Enrique IV, aprovecharon la estancia del rey para reiterar su deseo de no hallarse sujetos a otra jurisdicción ni señorío que el de la Real Corona.

Dice la crónica: en cuanto el rey se apeó, los señores de la villa fueron a hacerle la reverencia a su aposenio, llamándole el bienvenido y, con gusto, visto en su pobre y destruida villa, efreciéndosele en alma y cuerpo, y bienes enteramente a su disposición. Entonces le hicieron presentes de vino, pan y carne; luego después de varias exhortaciones, le rogaron que quisiese tenerles por encomendados y mantenerles como sus antecesores, los reyes de Castilla, habían hecho, sin ponerles en otra guardia ni gobierno que el suyo, puesto que, de todo tiempo, no habían estado sujetos a otra guarda y protección que la de los reyes de Castilla, y que, con la ayuda de Dios, le rendirían tan huena cuenta de su villa que tendría motivo para estar contento.

El lunes, 28 de setiembre, el rey partió de Llanes con su comitiva: pero como de allí a San Vicente hay seis leguas largas de muy mal camino, no se hicieron en ese día más que cuatro para ir a alojarse a un pueblecillo o aldea llamada Colombres. Realizaron el recorrido con tiempo favorable y pasaron por el alto de la Horcada, terminos de Acebal y de la Venta del Pomar. Pasado el río Purón y el lugar de Puertas continuarían a Vidiago y Pendueles, para llegar al paraje de Santiuste, después de pasar el río Cabra, acaso por un puente como el llamado del Campo en aquel siglo; pasado el puente se hallaba el lugar de La Franca, por cuyas inmediaciones iría el camino; y un poco más al E. se halla Colombres, capital del concejo de Ribadedeva.

El cronista dice que después de haber llegado la nobleza a este puehlecito encontraron la comida dispuesta y que después de comer, las mozas de este lugar fueron a la plaza que se hallaba delante del alojamiento del rey para cantar y bailar haciéndolo de grave y gozosa manera. El espectáculo agradó al monarca, quien después de haberse retirado mandó hacerles algún obsequio a las mozas que habían cantado y danzado en su honor. El día 29, después de haber oído misa y desayunado, el rey partió de Colombres para hacer dos leguas largas de muy malo y penoso camino y llegar a un puerto de mar llamado San Vicente de la Barquera.

Bibl.: Lorenzo Vital, Relación del primer viaje de Carlos V a España, traducción del francés de Bernabé Herrero, Madrid, 1958; Pietro Martire de Anghiera, Epistolario, estudio y traducción de J. López de Toro, Madrid, 1956 (epístola n.° 599); J. Uría Ríu, Descripción y comentarios al viaje de Carlos I por Asturias, en la revista «Valdediós», años 1960 al 1963, ambos inclusive; Ibidem, El relato del desembarco de Carlos I en Villaviciosa, y una rectificación, rev. «Valdediós», año 1969.

El día 17 de octubre de 1270, en Vitoria, Alfonso X, el rey Sabio, otorgó a los hombres de la tierra de Maliayo carta de fundación de puebla o villa.

La tierra de Maliayo, fértil en extremo, con estuarios adecuados para el refugio y altas rasas aptas para el dominio del territorio, estaba poblada al menos desde el Epipaleolítico, en su etapa Asturiense, hace 9.500/6.000 años y probablemente mucho antes. Una significativa presencia de monumentos megalíticos arguye una potente economía. Al hilo de las excavaciones que se vienen realizando, más la elaboración de la Carta arqueológica del concejo de Villaviciosa (1989), cada vez se adivina más claramente una coherente cultura castreña, cuyos hitos son, por ahora, varios poblamientos repartidos estratégicamente por el territorio tomando como eje la ría, más la costa-rasa occidental.

La aportación de Roma se cifró en el establecimiento de un conjunto de villae rurales con una población urbana en la desembocadura de la ría, en el actual Rodiles, de considerable importancia, que se ha llegado a suponer fuera la famosa Noega. Esta población pierde su importancia durante la época del reino astur, pero la adquieren ciertos núcleos como Amandi, Bedriñana, Camoca, Seloriu, Fuentes, Cazanes, y el lugar de Boides, con una villa romana. La Peña Castiellu, como bastión defensivo en el embarcadero de Buetes, pudo ser el embrión de la futura puebla de Maliayo.

Cuando el rey Sabio organiza el territorio de Maliayo y funda su puebla, una activa presencia de los monjes de Císter en el más íntimo repliegue del valle, en Boides —que adoptará el nombre místico de Valle-de-Dios (27 de noviembre de 1200)—, ha constituido un señorío jurisdiccional sobre un coto de 296 hectáreas y ha ejercido una importante labor ordenadora y civilizadora.

La constitución del concejo de Maliayo se enmarca en la política urbanizadora y repobladora iniciada por Alfonso IX y que alcanza hasta el primer tercio del siglo XV. El cénit del proceso repoblador coincide con el reinado de Alfonso X, exactamente en el año, clave en la historia asturiana, de 1270, señala J. I. Ruiz de la Peña. Una cerca oval —de la que se conservan algunos fragmentos— definía la puebla o villa, abriendo sus accesos por cuatro puertas: dos principales —la del Cañu (que generaría el arrabal de fuera'l Cañu) y la del Puente—, más dos secundarias —la del Mercáu Vieyu (que daría lugar al arrabal de ese nombre) y la de la Carnicería—. La iglesia parroquial era la de Santa María del Conceyu que aún hoy muestra su armonía y vistosidad —«una de las más bellas de la Asturias medieval», en opinión de Juan Uría— en el barrio de La Oliva.

A mediados del siglo XV la puebla de Maliayo ya se conocía como Villaviciosa, nombre acorde con su fertilidad que, a su vez, pasaría a ser la denominación de todo el territorio o concejo.

La probable presencia en este territorio de Enrique de Trastámara durante la estancia de Pedro I en Gijón (año 1352), explicaría el origen del coto jurisdiccional de Poreño (Poreñu), en la parroquia maliayesa de Celada, como donación hecha en 1366 a Pedro de Colunga. Este coto se enfeudaría más tarde en la familia Hevia. A lo largo del siglo XV, Villaviciosa, lejos de estar encerrada en sí, interviene en numerosas acciones políticas y guerreras para cerrar el siglo con la participación de sus hombres en la conquista de Granada. También desarrolla una intensa actividad comercial y cuenta con la pesca del puerto de Tazones, más un alfolí de la sal, parejos a los de Luarca, Pravia, Llanes.

En 1484 un incendio arrasa la villa en su totalidad; los Reyes Católicos otorgan mercedes para reconstruirla. Villaviciosa está presente en la Junta General del Principado desde la Ordenanza de Hernando de la Vega (1493-94), hasta su extinción en 1834 con la representación de José Caveda y Nava. Incluida en el mismo partido que Gijón, Siero, Sariegu, Nava y Cabranes, como concejo real, llega a tener dos procuradores. Los cargos fueron desempeñados generalmente por miembros de las familias oligárquicas de Hevia, Peón, Balbín, Estrada, Solares, Concha, Valdés, Sorribas. El 19 de septiembre de 1517 dejó la villa el príncipe Carlos de Habsburgo, futuro emperador.

Juan J. Pedrayes ha sistematizado la

Historia de Villaviciosa desde la óptica de la evolución de su trama urbana. La crisis de la pola medieval viene dada por la incapacidad de hacer frente a la inseguridad derivada de las luchas intestinas; aparecen entonces las casas-torre, las rurales, las intramuros y las aledañas a la villa. Principales dueños: Hevia, Busto, Balbín, Valdés, Solares, Peón. A mediados del siglo XVII se inicia una profunda transformación: aparece la villa o ciudad hidalga con sus palacios y plazuelas de respeto. De esa época conserva hoy Villaviciosa su más noble paisaje urbano. Un personaje que tiene importancia decisiva en este momento es Pedro Peón, duque de Estrada (1683-1750), poderoso mayorazgo de Peón, intelectual relacionado con los más solventes círculos ilustrados, para destacar su decisiva influencia en la configuración urbana de la Villaviciosa hidalga.

A finales del siglo XVII se produce una peculiar iniciativa social, que contribuirá a configurar la facies urbana y sin duda la sicología colectiva de la villa y su concejo. Los franciscanos fundan un convento de predicadores de misiones populares cuya área de influencia se señala en la Asturias centro-oriental, «más de seiscientas pilas bautismales», a cuyos feligreses debían llevar las enseñanzas derivadas del concilio de Trento. Un primer convento se edifica entre 1694 y 1699 en La Vallera, sustituido en 1743-1772 por otro edificio de gran capacidad cuya iglesia conventual es hoy el templo parroquial de la villa. De aquel convento salieron también algunos misioneros para las Indias. A la sombra de predicadores seráficos creció un monasterio de monjas clarisas que ha llegado a celebrar su tercer centenario en 1994.

Francisco de Paula Caveda Solares (1757-1812) inicia una dinastía ilustrada, que a la par tendrá incidencia notable en la evolución de Villaviciosa a través de su hijo José Caveda y Nava y de su nieto Joaquín García Caveda, y hoy con Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española. El momento de Caveda Solares es el de la primera revolución industrial; Philemon Pickford de Manchester instala y dirige una fábrica de algodones de considerable volumen. La acción del juez noble Caveda Solares rompe simbólica y realmente la cerca medieval para abrir nuevas comunicaciones. Las ideas liberales, representadas por Pedro José Pidal Carneado y José Caveda y Nava, están afincadas en una realidad profundamente transformada por reformas previas, de talante liberal, puestas en marcha en el breve periodo constitucional. Caveda y Nava funda la Sociedad Patriótica de Villaviciosa (20 de mayo de 1820) al socaire de la restauración de Riego. Durante la reacción absolutista se forman las Milicias de Voluntarios Realistas compuestas de masas proletarias rurales dirigidas por sus viejos señores, a cuyo frente está Felipe Hevia Antayo, señor del coto de Poreñu. El régimen liberal intentará apuntalarse con la Milicia Urbana, de burgueses, constituida en Villaviciosa en los primeros días de abril de 1834. En 1835 se instaura el Ayuntamiento constitucional, desapareciendo los cargos concejiles que durante siglos ostentaban familias oligárquicas.

La desamortización de bienes eclesiásticos tuvo poco volumen pero cierta incidencia en la villa, por lo que supuso para el equipamiento público el exconvento de San Juan de Capristano; mayor aun la tuvo para los subasteros en las parroquias del concejo dada la condición rural de los predios de la Iglesia: 132 fincas rústicas salieron a subasta en el periodo de Mendizábal. En cuanto a la desamortización de bienes civiles, realizada a partir de 1859, tiene relevancia, por su evolución posterior, la apropiación de las marismas de la ría, lo que conocemos como porreos. La consideración de las marismas como inútiles o perniciosas, difundida entre ilustrados y progresistas, tuvo realidad en la desecación de extensos xunclares aledaños a la ría de Villaviciosa; fueron primero los de Bedriñana (siglo XVIII) y luego los de la margen derecha, a partir de 1859. La necesidad de recuperar la navegabilidad de la ría y su condición de vía económica llevó a concebir el proyecto de su canalización, cuyos estudios se encomendaron al ingeniero José Lequerica (1885-86), con el principal objetivo de hacer de Villaviciosa un puerto carbonero, conectado por ferrocarril con Lieres.

Una nueva burguesía, liberal, estaba emergiendo frente al caciquismo dominante. Y, con ella, un proletariado industrial que pronto entra en contacto con las organizaciones sindicalistas gijonesas y forma la Sociedad de Oficios Varios. De las pugnas entre liberales y caciquiles surge una prensa local que tendrá su máximo esplendor en los años veinte y treinta. Dentro del grupo de obreros catalanes que durante la Guerra Europea (1914-1918) viene a trabajar a la fábrica de vidrio de El Gaitero aparece El Amigo del Pueblo, de filiación cenetista, en 1918.

Atenta a las exigencias de reproducción de su posición e ideología, la nueva clase dominante promueve (1895) la fundación de un colegio de religiosas para niñas, teniendo para los muchachos el de Valdediós, añadido al seminario en 1877 y que luego trasladará a la villa bajo la razón jurídica Fundación Colegio de San Francisco (1922), siempre bajo férula eclesiástica. También apoya y financia la Sociedad Ateneo-Casino Obrero con la idea de «resolver la cuestión social en el terreno de la instrucción» —indica B. Rato y Hevia—. Los veinticinco años de esta entidad están transidos por las convulsiones de la época y, al igual que el elemento obrero que cobijaba, cayó bajo la represión subsiguiente a 1937.

La política de obras promovida bajo Primo de Rivera significó urbanización, parque, traída de aguas, casas baratas, escuelas graduadas. La II República tuvo uno de los bastiones más reacios en Villaviciosa, gobernada por conservadores-monárquicos con minoritaria presencia de reformistas y casi nula de republicanos. Con posterioridad a la Revolución de Octubre se quitó el nombre de Indalecio Prieto a la calle del Agua, que le había sido puesto en 1931 por ser el ministro socialista hijo de la maliayesa Constancia Tuero. La Guerra Civil dura en Villaviciosa quince meses, definidos por su posición secundaria respecto a los centros de mayor conflicto. Las tropas franquistas la conquistan (19 de octubre de 1937) dos días antes de cerrarse el frente del norte, iniciando un periodo de idénticas características sociales y económicas que en los demás lugares. La salida de la gran penuria económica comienza en los años cincuenta con la migración hacia zonas industriales como Gijón y Avilés, se intensifica a principios de los años sesenta con la emigración a Bélgica, Suiza, Alemania, por la cual se ingresan remesas de divisas; con un incipiente turismo; con la explotación de plantaciones de gran demanda como el eucaliptus y, sobre todo, por el establecimiento de empresas alimentarias basadas en la manzana y la leche, creadoras de cientos de puestos de trabajo directos.

Posee Villaviciosa dos importantes centros de investigación con un plantel de más de cien trabajadores. Perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desde el año 1990, el Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), con 22 trabajadores, en su 80% tituladores superiores (investigadores, becados/doctorales, estudiosos). Por otra parte, la antigua Estación Pomológica (1956), desde 1995 se convirtió en el Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria (CIATA), ahora Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (SERIDA).

Personajes notables

La dinastía ilustrada de los Caveda. Francisco de Paula Caveda Solares (1757-1812). Su hermana Rita Josefa (nacida en 1760). José Caveda y Nava (1796-1882). Joaquín García Nava (1851-1885), el Xuaco Les Mariñes de La Quintana. A la zaga de los Caveda, destaca en las letras asturianas el dómine Bruno Fernández Cepeda (1744-1803), nacido en el Mercáu Vieyu.

Pedro-José Pidal y Carneado, marqués de Pidal (1799-1865), ministro de Gobernación, de Estado, eminente bibliófilo que salvó para España, entre otras joyas, el Poema de Mío Cid. Su hijo Alejandro Pidal y Mon, académico de la Lengua y de Ciencias Morales y Políticas, proverbial cacique, fue diputado por el distrito de Villaviciosa entre 1872 y 1913. Y el hijo de éste, Pedro José Pidal Bernaldo de Quirós, impulsor de los Parques Nacionales de Covadonga y Ordesa. A esta familia, por vía materna, pertenecía Ramón Menéndez Pidal.

Natural de Villaviciosa era fray Francisco Menéndez, presidente de las misiones de Ocopa, valle de Jauja, donde falleció en 1801, habiendo recorrido el archipiélago chileno de Chiloé, y descubierto en 1790 la laguna de Nahuelhuapi por mandato del virrey Gil y Lemus; sus Diarios contienen importantes datos antropológicos. Del mismo tiempo fue Alonso Bernardo Ribero y Larrea (mejor: De la Rea), nacido en Fuentes, autor de Historia fabulosa del distinguido caballero D. Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria (Madrid, 1792).

Y en nuestro siglo: el senador vitalicio Luciano Obaya Pedregal; el conde de Rivero, alma del Diario de La Marina (La Habana), Nicolás Rivero. Finalmente, la saga de fotógrafos Fresno: Fernando Fresno Cueli y su hermano Ramón, con sus hijos Ramón, Anselmo y Arturo (fallecido en 1952).

Etelvino González Lóp

En un entorno de prados y grandes acantilados se enmarca la playa España, sometida a un potente oleaje, en la que la proximidad de un camping explica la considerable afluencia de veraneantes a ella.

Características generales:

  • Longitud playa: 440 metros
  • Anchura media: 74 metros
  • Grado ocupación: Alto
  • Grado urbanización: Semiurbana
  • Paseo marítimo:

Tipo de playa:

  • Composición: Bolos / Grava / Arena
  • Condiciones baño: Fuerte oleaje
  • Zona de fondeo: No

Servicios:

  • Aseos: No
  • Duchas: Si
  • Teléfono: 985 18 50 00
  • Papeleras: Si
  • Servicio de limpieza: Si
  • Pasarelas acceso: No
  • Alquiler sombrillas: No
  • Alquiler hamacas: No
  • Alquiler de náuticos: No
  • Kioscos balnearios: No
  • Club náutico: No
  • Zona de submarinismo: No
  • Puerto deportivo: Gijón / Distancia: 20 Km

Accesos:

  • Tipo de acceso: A pie fácil / Con coche
  • Señalización de los accesos: Si

Transporte:

  • Carretera o vía más próxima:
  • Autobús:
  • Aparcamiento: Si / No vigilado. N.º Plazas 50-100

Aspectos medioambientales:

  • Presencia vegetación: Si
  • Zona protegida: No

Seguridad:

  • Equipo de vigilancia: Si
  • Señalización de peligro: Si
  • Policía local:
  • Puesto Cruz Roja: Si Teléfono112
  • Equipo salvamento: Si

Hospital más cercano:

  • Nombre: Hospital de Cabueñes
  • Dirección: Cabueñes (Gijón)
  • Teléfono: 985 18 50 00
  • Distancia aproximada a la playa: 11 Km

Turismo:

  • Oficina de turismo: No

El mercado de abastos o Plaza Cubierta, es una típica construcción de ladrillo, hierro y cristal inaugurada en 1905, que ocupa una manzana rectangular, entre las calles Balbín del Busto, Mercado y Maliayo. Edificado entre 1901 y 1904, responde al diseño de Juan Miguel de la Guardia, arquitecto municipal de Oviedo. De su construcción, que costó 126.932,55 pesetas, se encargó Luis Margolles. Sobresale por su atrevida y estilizada estructura metálica, realizada por la empresa Duro Felguera; su esqueleto de hierro permite a los muros poblarse de ventanales acristalados al perder o menguar su clásica finalidad de soporte. El inmueble presenta planta rectangular —34 x 47 metros, 1.583 metros cuadrados— y cuatro fachadas de composición simétrica, cada una de ellas con una calle central realzada por una gran puerta, de tanta altura como el edificio, que combina dintel y arco peraltado. Todas estas entradas, a cuyos lados se alinean simétricamente enormes ventanales de arco escarzano, rematan en un cuerpo exento terminado en frontón triangular.

El entramado metálico aguanta una cubierta a cuatro aguas de zinc acanalado, provista de grandes claraboyas que iluminan el interior.

En planta se aprecian una estructuración en dos espacios: un núcleo central y un pasillo que lo circunda y se separa de él por arcos carpaneles de hierro sobre columnas de fundición, éstas apoyadas a su vez en pilastras de fábrica.

El mercado, restaurado hace algún tiempo, continúa con su actividad de siempre.

La iglesia de San Salvador de Fuentes, sita en una llosa denominada de la Abadía (M. A. González Pereda), a 2 kilómetros de Villaviciosa por la carretera que va desde ésta a Breceña, es Monumento Nacional por decreto de 3 de junio de 1931. Algunos estudiosos, entre ellos Fermín Canella y Octavio Bellmunt, están convencidos de que la actual iglesia, construida en un pequeño resalte del terreno, fue consagrada en el año 1063 por el obispo Adenagao; de ser cierto, estaríamos ante una de los primeras iglesias románicas de Asturias. En cambio, otros autores, como Luis Menéndez Pidal o Joaquín Manzanares (Cronista Oficial de Asturias), estiman que es del siglo XII, y Etelvina Fernández González retrasa su fundación a mediados de dicha centuria, pudiendo referirse las inscripciones de la nave a un cenobio anterior (M. Soledad Álvarez).

San Salvador de Fuentes es paradigma de templo románico rural de planta rectangular con nave única y cabecera cuadrada —ésta de clara filiación prerrománica—, entre las que se «interpone» un arco triunfal románico de tres vueltas. Se le agregaron unas dependencias en el costado norte y un pórtico al sur y al oeste.

La nave y el ábside se cubren con estructura de madera y bóveda de cañón sobre impostas, respectivamente.

Escasean los elementos decorativos en una edificación dominada por la sobriedad. Interesan, al respecto, las impostas de trenzado (decoración geométrica) que señalan el arranque de la bóveda de cañón en la capilla; los capiteles historiados de las columnas que soportan las tres roscas del arco de triunfo, con la representación en el capitel izquierdo de un hombre abrazado a dos animales monstruosos, y en el derecho, de un cordero y un felino afrontados, símbolos del bien y del mal, respectivamente; los capiteles de la arquería ciega, colmados de estilizaciones vegetales; y los canecillos de la cornisa que transita bajo cubierta, embellecidos con motivos geométricos, vegetales, antropomórficos y animalísticos.

La famosa cruz procesional de San Salvador de Fuentes, «una de las más hermosas de España» (Carlos Cid Priego, «Orfebrería románica», El arte en Asturias a través de sus obras, págs. 480-483, edit. Prensa Asturiana, S.A.-La Nueva España, Oviedo 1996), fue expoliada y llevada a EE. UU. en 1901, retornando brevemente a Asturias para formar parte de la Exposición «Orígenes» de 1993. Actualmente se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York. Se trata de una obra hecha en madera, plata vista y sobredorada, cincelada y esmaltada, con piedras finas y camafeo romano, formada por cuatro brazos rectos de tipo latino, que en sus extremos se ensanchan en superficies rectangulares. En el reverso figura la inscripción en latín, que, traducida, dice así: «Sancha González, me hizo en honor de San Salvador», entendiéndose que «no la fabricó, sino que la donó» (C. Cid Priego, íd.). En su anverso está la figura exenta y en altorrelieve de Cristo crucificado, al que acompañan los altorrelieves de la Virgen doliente en el ensanchamiento de la derecha, San Juan en el de la izquierda, y un ángel turiferario en el alto, echándose en falta el revestimiento de plata del ensanchamiento inferior.

En el reverso aparecen varios bajorrelieves: en la intersección, un cuadro dorado con el Cordero Místico, y «en cada ensanchamiento de los extremos los símbolos de los Evangelistas según costumbre: arriba el Águila, a la derecha (izquierda del espectador) el León, y al otro lado el Toro. Falta el de abajo, que era el Ángel» (C. Cid Priego, íd.)

Esta ruta está calificada como «Ruta a pie» • Acceso: Desde Villaviciosa, villa distante 7,9 km, el pueblo de Buslad o Buslaz tiene acceso por la carretera regional AS-332, desviándose por un pequeño ramal poco después de pasar Breceña. • Se inicia el recorrido en Buslaz, pueblo a 7 km de la villa de Villaviciosa, siendo el final en Amandi • Distancia: 7 km • Itinerario: Consultar mapa.

Descripción de la ruta

Esta ruta visita los molinos del río Profundu, que nace en los límites del concejo de Villaviciosa con los de Cabranes y Piloña. De cauce estrecho, abundante caudal en épocas de crecida, transita en su mayor parte por hondas vaguadas cubiertas por una gran variedad de vegetación autóctona (robles, olmos, álamos, castaños...); tampoco falta la fauna, integrada por jabalíes, zorros, corzos y nutrias, así como truchas. Recorre una distancia de unos 12 kilómetros hasta desembocar en el río Viacaba y en su trayecto por el concejo de Villaviciosa discurre por las parroquias de Breceña, Coru, Fuentes, Lugás y Amandi, en otro tiempo abastecidas de harina por molinos que, hasta un total de veintidós, lo jalonaban a lo largo de nueve kilómetros aproximadamente. De ese número de ingenios, nueve eran de propiedad privada, o lo que es lo mismo, quienes molían debían satisfacer a su propietario o molinero la denominada «maquila», consistente en una determinada cantidad de harina obtenida en la molienda. Los otros trece se regían por el sistema de multipropiedad o «vecería», en el que cada vecino tenía fijados unos días u horas al mes para moler.

Iniciando esta ruta senderista —de gran belleza natural e importante valor etnográfico— desde la localidad de Buslaz, situada a siete kilómetros de la capital del concejo, en poco más de dos kilómetros nos encontraremos ya con la mitad de este conjunto etnográfico. Todos estos molinos tienen sus particulares nombres y sus historias. Sin embargo, algunos ya han desaparecido, como así sucedió con los de Pachón y Sotu. Este último, de existir en la actualidad, sería el primero de los molinos que se hallaría al iniciar este recorrido desde la zona alta del río. El Molín de Pachón se localizaría a mitad de la ruta en términos de la parroquia de Coru. Más abajo del Molín de Sotu, cuya denominación la tomaba de la casería del mismo nombre, aparece un amasijo de escombros que corresponden al Molín de Carola. En este caso el desprendimiento de una gran roca fue el causante de su estado actual. Siguiendo por la orilla del río y por sendas frecuentadas por pescadores, nos iremos encontrando con molinos con nombres tan singulares como Molín d'Arriba, Rosicu, Peruya, Rea y Esprón. Todos ellos se regían por el sistema de vecería. De reducidas dimensiones, contaban con una sola muela y la construcción del edificio se compone de piedra de mampostería. El interior se distribuye en una planta cuadrada o también ligeramente rectangular, con el espacio suficiente donde se alberga la maquinaria, una esquina donde encender un hornillo para calentar la intempestivas noches de molienda, y una pequeña ventana que por lo general suele ubicarse frente a la maquinaria con el fin de iluminarla desde el exterior. Todas estas características las podemos apreciar en el Molín d'Arriba, que afortunadamente es el que en mejor estado de conservación se encuentra de todo el recorrido.

Los molinos tienen su personalidad marcada por los lugares donde se suelen ubicar. Después de visitar el Molín de Esprón, cercano al de Rea y como él erigido en una amplia zona de pastos, llegaremos hasta las inmediaciones del Molín de La Peña. A diferencia de los anteriores, ésta es una construcción de dimensiones más voluminosas, aunque su espacio interior sigue teniendo la misma distribución que los otros. Pero en el Molín de la Peña también hay que detenerse para ver el paisaje que se nos ofrece, con la espectacular cascada situada justo al lado de la construcción. Esta singular ubicación ha hecho que el Molín de la Peña sea aún hoy uno de los más conocidos en la zona, además de por sus pasados días de molienda, por su paisaje y su reciente recuperación. En su interior se mantiene parte de la maquinaria, y más concretamente la muela fija o «frayón», así como el cajón donde iba cayendo la harina, el denominado «baranzal», compuesto por grandes losas de piedra. Se espera que con una segunda actuación se logre recuperar la totalidad de la maquinaria y vuelva a moler.

Dejando atrás ya el Molín de La Peña nos toparemos con otros de estos ingenios, como el Molín de la Ullina, que se levanta entre una gran bancada de piedra natural y el mismo cauce del río. Las crecidas provocaban en muchas ocasiones que la parte baja del molino quedara inundada y por consiguiente fuera de uso. Por este motivo hay un refrán en la zona que dice: «El molín de la Ullina, muncha agua y poca fariña». Pocos metros más abajo se encuentran los restos del Molín de Lalón, que se reducen a la canal de abastecimiento y los cimientos del edificio. A lo largo del recorrido vamos viendo una serie de ruinas que se corresponden a los molinos de Pascual, uno de los pocos de propiedad particular, y los pertenecientes a la parroquia de Coro como los de Perniles, Perea y José Xico. Este último tiene su particular historia ya que fue el último en cesar su actividad en el río Profundu. Pero no moliendo grano, sino produciendo electricidad para los vecinos de la cercana localidad de Cayao. Aún se pueden ver las modificaciones realizadas por su antiguo propietario en la maquinaria y los postes de tendido que subían desde el molino hasta el núcleo rural de Cayao.

En el tramo final de la ruta se suceden los molinos correspondientes a las parroquias de Lugás, Fuentes y Amandi. En Lugás se encuentran los dos únicos del recorrido que cuentan con dos molares: el del Pitu y el de Trabanco. En el primero todavía se puede visitar su interior, donde muestra las dos muelas que por sus características se dedicaban a la molienda de dos tipos de grano: escanda y maíz. Por lo que se refiere al Molín de Trabanco, éste era, en realidad, una casa de rasgos típicamente asturianos. En la planta superior se situaba la propia viviendas mientras que en la baja era donde se llevaba a cabo toda la actividad molinera. Dejando atrás estos dos molinos nos iremos encontrando con los últimos de este singular trayecto. En el Molín del Profundu, que como vemos toma el nombre del río, sólo quedan sus muros exteriores totalmente cubiertos de musgo. Algo más abajo, ya en la parroquia de Fuentes, se encuentra el Molín de Villaverde y un poco más abajo, el Molín de Griselda, en la parroquia de Amandi, que se encuentra situado en una propiedad particular, aunque en sus días también prestaba servicio a las gentes de las parroquias próximas.

Nuestro itinerario llega a su fin. Después de recorrer siete kilómetros por sendas, volvemos a pisar el asfalto en la localidad de Valbúcar desde donde todavía podremos ver, bajo el puente de la misma carretera, los restos casi tapados por la vegetación del Molín de Peña, situado al pie de una antigua tahona o fábrica de pan.

Comarca de la Sidra

Conjunto Histórico de Tazones

En el municipio de Villaviciosa

Tazones, nombre que deriva del antiguo puerto de Los Estaçones y corresponde en realidad a la parroquia, designa generalmente el pequeño y hermoso pueblo compuesto por los barrios de San Miguel y San Roque —cuyas gentes viven principalmente de la pesca y la mar— y equipado con un modesto puerto para embarcaciones de bajura y una lonja de pescado.

En la fisonomía arquitectónica de esta población —que sobre el puerto y el mar adapta su caserío a un terreno pendiente de forma escalonada ...

Conjunto Histórico de Tazones
Conjunto Histórico de Tazones
Faro de Tazones
Faro de Tazones

Faro de Tazones

En el municipio de Villaviciosa

El anuncio oficial que comunica la entrada en funcionamiento de este faro decía: A partir del 15 de marzo de 1864 se encenderá el faro situado en la Punta de los Tazones, costa O de la boca de la ría de Villaviciosa, distante 48 brazas de la orilla del mar. Tendrá las siguientes características: Aparato catadrióptico de 6º orden. Luz fija blanca. Alcance 7 millas... Elevación de 11 m sobre el terreno. La torre es rectangular con los ángulos achaflanados y una gran ventana en la parte N; está ...

Playa La Ñora

En el municipio de Villaviciosa

La comparten los concejos de Villaviciosa (parroquia de Quintueles) y Gijón (parroquia de Gijón). Dos son los puntos de partida para llegar al arenal de La Ñora: desde la aldea de Quintueles, siguiendo el curso de una estrecha y empinada carretera; y desde La Providencia, en Gijón, descendiendo por los acantilados para acabar en la margen izquierda de esta playa, la cual disfruta de un encantador paseo.

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Playa La Ñora
Playa La Ñora
Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa
Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa

Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa

En el municipio de Villaviciosa

La Ría de Villaviciosa, la Ría de La Villa, un espléndido ecosistema de marisma declarado Reserva Natural Parcial (Decreto 61/95, de 27 de abril, del Gobierno del Principado de Asturias) que pasa por ser la segunda zona del Principado de invernada y descanso migratorio de las poblaciones europeas de aves acuáticas, se adentra en el mar dejando a su orilla derecha la preciosa playa de Rodiles, y a su izquierda, El Puntal.

«La originalidad, riqueza y calidad de su vegetación marismeña, ...

Faro del cabo de Lastres

En el municipio de Colunga

El del cabo de Lastres es el benjamín, en cuanto a edad, de los faros asturianos y en consecuencia el más moderno y automatizado.

Los antecedentes históricos de esta luz se remontan a siglos pasados, cuando los marineros de la zona encendían fogatas orientativas en lo alto del Prau El Picu, donde se instaló el nuevo faro. Para esta finalidad se utilizaba un grupo de piedras en forma esférica como referencia para encender las hogueras, tan valiosas para los antiguos hombres de la mar.

Faro del cabo de Lastres
Faro del cabo de Lastres
Torazo
Torazo

Torazo

En el municipio de Cabranes

Torazu, nombre tradicional: Torazu (anteriormente se denominaba: Torazo, nombre que respetamos en el título hasta que el nuevo se popularice). Lugar de la parroquia de Torazu (Cabranes). Dista 4,20 km de la capital municipal (Santolaya) y se encuentra a una altitud de 410 m. Cuenta con 97 viviendas (la parroquia 241) de las cuales 48 son viviendas principales y 49 viviendas no principales.

Mirador de San Roque

En el municipio de Colunga

En lo alto de la villa de Lastres, en un lugar de extrema belleza al lado del área recreativa del Campo de San Roque, y de la capilla de carácter popular en honor a San Roque. Magnífica vista del puerto de Lastres y su bahía, al fondo la Sierra del Sueve.

Mirador de San Roque
Mirador de San Roque
Museo de la Sidra de Asturias
Museo de la Sidra de Asturias

Museo de la Sidra de Asturias

En el municipio de Nava

Horario de visitas:

INVIERNO:

  • Martes a viernes, de 11 a 14 horas y de 16 a 19 h
  • Sábados, de 11 a 15 y de 16.30 a 20 h
  • Domingos, de 11 a 14 h; lunes, cerrado.

VERANO (15 de junio a 15 de septiembre):

  • Lunes: cerrado
  • Martes: de 12:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00
  • Miércoles a sábado: de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00
  • Domingos: de 12:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00
Situación Hotel Carlos I